viernes, 25 de mayo de 2012

Sobre Abismos y Precipicios

Al principio rodear los precipicios era para mi algo divertido. Me sentía como un niño retando a la inocencia con naturalidad. No tenía conciencia sobre el peso de mi cuerpo, ni sabía que por ciencia, el peso de mi cuerpo me tiraría hasta el final. Caería sobre rocas mojadas y aguas salpicadas. Mareas que se lanzaban contra paredes más fuertes que el concreto, y mi cabeza iría a dar ahí y seguramente se rompería; Como se rompen las promesas cuando el último dedo de tu pie derecho te sostiene al borde del abismo. 

Ya no me parece tan divertido rodear precipicios. Pienso en el inicio y el final y no encuentro el sentido al punto intermedio, en el que estoy ahora, en el que estoy en desacuerdo si dar un paso atrás o dar uno hacia adelante. Es como una cuerda temporal, pero siempre es futuro, siempre es pasado. No habrá pasado, creo ahora. El futuro es caer o retroceder. El pasado sería, Ahora que existe, el mismo; caer o retroceder.

Da la mismo, hacía atrás o adelante. Da lo mismo.

Mamón

Siempre ha sido un tanto ambiguo. Un tanto parco, un tanto ajeno. Se creía un niño pillo, un man pendejo y aunque de lejos tenía pinta de serlo, de cerca era como un dulce de leche. De leche eran sus dientes cuando mordió la primera teta que no era la de su madre. Su primera teta, luego de eso se dedico a morder tantas cuantas pudiera. Tetero. Mamón.

viernes, 9 de marzo de 2012

De Acuerdo

Tocas mi piel.
La música suena.
No veo nada.
No logro verte.
Tu ves todo me dices.
Y me ves, desnudo frente ti.

Toco tu piel.
La música deja poco a poco de sonar.
Se deja atrapar por la oscuridad.
Lentamente.
Ahora te escucho.
Y logro verte.
Nos vemos todo.
Te veo el alma.

Tocas mi piel.
Y toco la tuya lentamente.
La música se queda en nuestra mente.
Es un acuerdo.
Acompaña al vaivén.
El placer del momento.
Te escucho gritar.
Me escuchas hablarte.
Cierro los ojos.
Quiero creer que cierras los tuyos.

lunes, 23 de enero de 2012

La mirada del niño

El sol se esconde detrás de la mirada inocente de aquel niño.
Ese niño que tiene mi sonrisa y guarda la marca de una herida debajo de su camisa azul.
La camisa que le regaló su hermano cuando cumplió 6 años.

Seis historias le han contado acerca de la muerte de su padre.
El recuerdo que tiene de él da más vueltas que los autos en una autopista en espiral.
Y su cabeza sólo recuerda que no sabe nada en absoluto.
Y que lo absoluto de la cosas en su vida siempre ha sido el azar.

La tarde llega y los rayos de ese sol remanecen.
Es el brillo permanente de un recuerdo que se ha quedado en el horizonte para siempre.
Lo siento, no sé cómo explicarlo.
Tengo miedo, no sé cómo intentarlo.
Auxilio, necesito de un amigo.
Amigo, si estás ahí, ven conmigo.

Claro está, abrí los ojos y encontré un par de ilusiones.
Ambas disueltas sobre un río rojo de caudal impaciente.
Los ojos de mi madre terminaban al inicio del puente.
Y mi muerte, iniciaba el camino de regreso a mi infancia.

¿Será que ese niño de camisa azul soy yo?
¿Será que esas seis historias sobre mi padre no son mas que eso?

El dolor de cabeza empezó y me recosté un momento sobre el gras.
Mi cien izquierda dio sobre una piedra fría.
No me moví. Mi piel nunca se sintió resentida.
Muy por el contrario, de pronto todo lo comprendí.

Estuvo claro desde siempre, y lo está desde entonces.
Ese brillo permanece en la mirada del niño.
Ese auxilio que espera se va.
La muerte no existe.
Mi madre aún no ha nacido.
Mi padre no está.

Ese niño soy yo.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Under

the night before
was so weird
with the lyrics on the screen
i touched the sky
and i wanted more
i never wanted to leave

domingo, 6 de noviembre de 2011

Payaso

Sólo borremos la sonrisa del payaso y listo!
Ahora apreciemos su tristeza, que profundidad!
Y sus ojos con el delineador chorreando, arte! arte!

La palabra muda del idiota y el orgullo de la viuda que viene a recoger el cuerpo descolorido de su marido. Algunos billetes de soles caen del bolsillo del pantalón de rayas rojas. La mujer recibe el saco de botones gigantes doblado por la mitad, la rojiza nariz felpuda y una flor marchita.

Ella se acerca a oler el cuello del difunto y murmulla. Le tira una cachetada y le sonríe.

¡Payaso! le grita.

El Beso

Disculpa no quise ofenderte. No, no te preocupes no pasa nada. No, sí pasa, en verdad no era mi intención. Está bien, si dices que no quisiste hacerlo te creo. Lo digo en serio, en ningún momento pensé en que lo podías tomar a mal. No me lo tomo a mal, de verdad, entiendo que no tenías ninguna mala intención y ya, todo normal. Lo siento, qué puedo hacer para que te sientas mejor. Me siento muy bien, gracias, no tienes de qué preocuparte. Me preocupo, no te puedo dejar así como estás, con el ánimo hasta el suelo, el estómago revuelto, esa expresión en tu cara. Qué expresión en mi cara, me siento bien, ¡todo está bien! Cómo puede todo estar bien. Está todo bien porque es como si no hubiera pasado nada, no tengo el ánimo hasta el suelo, no tengo ninguna expresión extraña y mi estómago funciona muy bien, gracias. Ves, estás molesta. Me estoy molestando. Te estoy molestando. Me estás molestando. Lo sabía. Si lo sabes mejor deja de hablarme, y ahí lo dejamos, ¿está bien? No, no está bien, no te puedes ir así. Si puedo, y me voy a ir. ¡No! Adiós. No, no, no, así no. Entonces cómo. No voy a dejar que te vayas. ¡¿Qué haces?! Perdón. (Silencio) ¿Por qué lo hiciste? Hacer, ¿qué? Lo que hiciste, por qué lo hiciste. Yo no hice nada. Claro que sí, me diste un beso. Ah, eso. Sí, eso. Ah, el beso. El beso. Disculpa, no quise ofenderte.

domingo, 16 de octubre de 2011

Inquilino en la Habitación 305

Tu presencia se hace extraña y se hace extrañar. Se oculta justo al centro, en el intento de curvatura de una nariz perfilada. Un poco quemada por el frío, un poco seca por el sol. Justo al centro más abajo, es donde ocurren muchas más de aquellas cosas. Se presenta con desesperación el rojizo corazón. Sincero y bonachón, pero algo despiadado. Las heridas lo han dejado, algo cojo, algo manco. Algo desamparado. Olvidado-se de la palabra compasión. Se irrita fácil ante un suspiro artificial, se pone azul, respira y suspira. Delira con locura, así que mucho cuidado, podría perder la cordura.

La borra de la baba

Hoy te veo dormido y te hago dueño de un pensamiento tan infinito, tan puro que no puedo comprender. He intentado. Me he rendido y me he dado otra oportunidad. Me he quitado el sueño a golpes en el alma y unas que otras cachetadas. Cuando cae el sueño caigo en la cama, sobre la única almohada que sostiene todo mi pensamiento. Ese universo donde reina algo o alguien de nombre Subconciente. Que tipo o cosa para mas inconciente. Me duermo y me despierto y lo vuelvo a hacer. Es un bis constante. Al menos no me muero en el acto. Al menos logro conciliar el alma y el cuerpo.

Las horas pasan y las gotas de saliba se van sumando dentro de mi boca. Se pegan como goma y se deslizan como el aceite en una sarten caliente. Ya más sueltas se van cuesta abajo hasta el surco izquierdo o el derecho de mis labios. Mis labios que se entre abren y las gotas de baba que ven la salida. Y de pronto todas juntas empiezan a caer. En la almohada suave, la misma que amortigua los casi 9 kilos entre cráneo, cerebro e ideas. Es la misma que se embarra, la misma que se entrega cada madrugada a la dificil tarea de comprender el por qué de mis desvelos y mi falta de sueño.

Al iniciar el siguiente día, la borra de la baba está húmeda todavía. Cierro los labios, doy uno o dos suspiro. Templo los huesos, estiro los músculos. Abro los ojos y veo la luz. De pronto sonrio y me seco la boca. La baba que toca, la saliba que se seca. Las ideas que se quedan en el sueño. El sueño que cuesta pero llega a fluir, como la baba en la almohada. Como el cuerpo sobre mi cama.

Histrionismo

Imaginarme esto sin lo otro, y de repente una captación nula de tu imagen sobre mis ojos. El reflejo del futuro en un pedazo de recuerdo, casi histórico, casi tácito pero aún difícil al tacto. Algo recto quizás, pero no me mira. Sólo intuye. Persigue y se condensa. La constelación está perdida en el fondo de un morral, y tu histrionismo moral se expande, se divide, combustiona.

Te alejas, y de repente todo se vuelve llano. Áspero en mis labios, como la lengua de un gato sobre la piel de mi brazo. Y aún así no llega. Es más fácil perecer en un instante, ahogado y sofocándose por las calorías de una barra de chocolate con maní que esperar a que me digas que Sí. Así las horas. Así el murmullo. Así las rejas que se interponen entre el uno a uno. Eso ya no ocurre. 12 pisos de distancia y un pequeño subibaja. Que tontería. Eso no es poesía. Son retazos de mi alma en tu alma espolvoreados sobre la sombra de un retrete. Un cadete, una historia paralela. Un revolucionario, un rebelde. Un erudito que no sabe nada, que ni siquiera conoce la mismísima palabra. Pobre cómo ama, y ni sabe caminar. Pobre alma que no calma y le duele aún pensar.

sábado, 15 de octubre de 2011

Girando

Girar y hacer círculos sobre ti, y así verte sobre mi sobregirando mi piel, sobrevolando mi mente. Doy un giro y te miro, y cierro el circulo en tu vientre.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

S P E C I A L

Mother told me that I was special, at an age when I didn’t know the meaning of that word. “Special to me” she said, not one but a lot of times. When I get older, then I look up to that word that was floating in my brain, and I see it in a dictionary, and then I heard it on a movie; then in my friends, then in teachers, then in my job, in the people in the streets. Then in myself, like a sound bouncing inside me. Every single time was a different meaning. But I know now what my mom meant. I’m not human.

Blinded

He’s gifted, he is very powerful but it is just like he doesn’t know. At all. He acts like he does not care anymore, but there, in those eyes, there is still a flame that burned some time ago. But his soul is now off. His chest is cold. His hands can’t hold on anymore. And the weight of the guilt is hurting his heart, and he knows that someday this is going to make him die.