lunes, 7 de junio de 2010

El último adiós

Hoy rocé sus labios y sentí que era la última vez. Hoy toqué sus manos y sentí que no lo volvería hacer. La miré a los ojos y ellos me dijeron todo. Su boca temblaba, su nariz sonrojada, sus hombros caídos, sus orejas heladas. Podía ver sus piernas cruzadas por debajo de las sábanas; su espalda recostada sobre un respaldar construido de almohadas. Las flores amarillas en el velador, el grito eterno del tiempo en las hojas marchitas. El agua en el vaso, la marca de sus labios en el abismo, el frio en el aliento, el calor de la fiebre en su cuerpo, el ardor del miedo en su garganta. La angústia contenida en mi alma.

Hoy rocé su enfermedad y sentí que se me iba. Hoy toqué sus callos y sentí la cruel dureza sobre su piel. La miré a los ojos y ellos me pidieron todo, menos compasión. Su boca estaba inquieta, su nariz irritada, sus hombros habían perdido las ganas, sus orejas olvidadas. Podía ver sus piernas dobladas por debajo de las sábanas; su espalda soportada por una pared de almohadas. Las flores violetas en el velador, el paso del tiempo en las hojas caídas. El vaso con agua, el frio en su cuerpo, cómo quema la desesperación! La impotencia que revienta en mi alma.

Hoy la vi cuando se fue. Hoy toqué su piel pero no la sentí. La miré sin que me mirara. Su boca estaba quieta, su nariz encogida, sus hombros al nivel de su garganta, sus orejas desechadas. Pude ver sus piernas rectas aún cubiertas por la sábana, su espalda erguida sobre el tumulto de almohadas. Las flores de colores sobre el velador, el tiempo eterno en sus hojas. El agua en los vasos, la marca de todos los labios, el frio, sin aliento, la fiebre tibia en sus cuerpos, el ardor que quema, el miedo que impotencia, la angustia, la desesperación. Mis manos soltando sus manos. El último adiós.

lunes, 10 de mayo de 2010

Todas esas cosas,...

De la sonrisa de un niño, a la caída en espiral de una colilla de cigarro que se desvanece al va y ven del aire. Desde las sombras en tus ojos, hasta las luces que estallan en los postes cuando corremos cuesta abajo. El olor a mar, la sensación a calor y frío que produce la brisa y el grito mudo de los taxis. Me quedé sentado alimentando a las palomas, y ellas me alimentaron a mi. Pude escribir una canción que hablaba de ellas, mientras que ellas hablaban de mi. Cuando llegaste, se fueron ellas, y se llevaron el papel, el lapicero y todas las letras. El lienzo quedó blanco de nuevo, falto de mucho, lleno de nada. Dibujo la sonrisa del niño y dejo caer las cenizas del cigarrillo al suelo. El resplandor del sol a contraluz dibuja una fuerte sombra bajo tus ojos. Se hace tarde y las bombillas de los postes explotan. El aire tibio, la humedad y el olor a mar. Me quedaré sentado una hora más, por esta tarde, por todas esas cosas.

viernes, 7 de mayo de 2010

Aún Así

Es la fe
la que aguanta cuando la casa se viene abajo

Es la piel
la que soporta cuando el cielo está llorando

Y desde aquí
puedo ver mejor la lluvia
como cae sobre ellos
no solo moja
también inunda

Cuido de este temporal
como cuido de tus años
y cubro con palabras tibias
mi corazón frio en tus manos

Puede ser
que quede algo
un te quiero
o un te extraño

Puede ser
que lo invente
al menos podré sentir
que aún no llegaré a morir

Es la fe
la que prolonga la sensación de angustia

Es la piel
la que se llena de miedo y no transpira
no renuncia

Y desde allá
podrás verme partir
como cruzo el universo
no solo viajo
también me convierto

Y aún así
puedo decir

Que cuido de este temporal
como cuido de tus años
y cubro con palabras tibias
mi corazón frio en tus manos

Es la fe
la que aguanta cuando la angustia se prolonga

Es la piel
la que soporta el miedo y no renuncia, no se ahoga

La casa que se viene abajo
El cielo llorando
esa sensación
la transpiración

jueves, 6 de mayo de 2010

La Extraña Sensación

Es la angustia
la sensación
de ir hacia atrás
tan rápido

De dejar de lado el mundo
y olvidarnos
de que estamos juntos
pero a la vez
separados

Es la angustía
para evitar el dolor
no me digas
que no duele
yo se que es el amor

Después del frio
y la oscuridad
después del silencio
y la eternidad

También vendrán por ti
seguro que es así
la extraña sensación
de estar y de no estar

Después del odio
y el rencor
después del cielo
y el honor

También querrás huir
sino puedes venir
para dejar de lado el mundo
y olvidar que estamos juntos

Es la extraña sensación
de ir hacia atrás
tan rápido

De que ser no es estar
y que eso no es amar

Quote

"Hablé de vos, de mis ansias"
- Cerati

lunes, 26 de abril de 2010

Vuelo Sin Escalas

Me sentaré
a jugar con las luces
de la oscuridad

Y tomaré
sin pedir permiso
a la soledad

En tu nombre pagaré la cuenta
a cambio de borrar
tu historia escrita
en mi disconeuronal

Esperaré
sin estirar el tiempo
y estaré
en tres lugares
en paralelo

No hay necesidad
de decir adiós
si el reloj
está marcha atrás

No hay por qué evitar
si no sabemos bien
si volveremos a cruzar
nuestros labios

Sentir en mis manos
el universo de tu piel
y tener la sensación
de que el todo es absulamente
imposible

Esperaré
sin estirar el tiempo
y estaré
en tres lugares
en paralelo

No hay necesidad
de decir adiós
si el reloj
está marcha atrás

Esperaré
esta es la única forma de hacerlo
y te propongo
un vuelo sin escalas
al cielo

No hay necesidad
de decirle a Dios
si nos queremos quedar
o no

viernes, 16 de abril de 2010

Song: Setting Lights



the new days are blooming and i can feel
the air through my hands up
and i feel blessed

the setting lights are starting to cover me
my eyes are full with sparkles and stars

and i have learnt to fly
and now i can talk to mice
and i forgot the day of my birthday

lunes, 12 de abril de 2010

707

Tomó la silla y la lanzó por la ventana. Cayó desde el piso siete a la pista, un carro se detuvo con una frenada brusca, la gente empezó a gritar y Carlos empezó a llorar por dentro. Estaba tembloroso y sudaba frio a pesar del calor que hacía en la habitación. Se sentó al borde de la cama, se llevó las manos a la cabeza y las bajó de inmediato, dejó su sudor sobre las sabanas blancas con estampados de florecitas rojas y luego las metió al bolsillo. Se quitó el saco y luego la corbata, la guardó en uno de los bolsillos. Buscó una cajetilla de cigarros rojos Seven en el bolsillo izquierdo del pantalón pero había una llave. Encontró la cajetilla en el bolsillo derecho, tomó uno y lo puso en su boca. Trató de encenderlo pero no tenía gas, buscó fósforos en la mesita de noche. Dejó el cigarro al lado del teléfono y se echó sobre la cama. Se quitó los zapatos con los mismos pies y creyó que podría dormir. A los siete minutos tocaron la puerta, un hombre gritaba -¡Abran la puerta!, ¡abran de una vez!- Se oía el murmullo de una mujer, seguramente la empleada de limpieza. Carlos se levantó rápidamente de la cama, se puso el saco y los zapatos y se acercó a la puerta. Dio una patada y luego abrió. El dueño del hotel se quedó mirándolo sin decirle una sola palabra, a su lado, una anciana vestida de negro le apuntaba con el dedo. Carlos dio un paso y los esquivó sin decir nada. Dio unos pasos más, se detuvo y volteó hacia el Sr. Millas -¿Algún problema?- La mujer se exaltó levemente y balbuceó lo que al parecer eran maldiciones, se calló, dio media vuelta y se fue. El Sr. Millas dio un largo suspiro, aspiro lentamente y sonrió –No, no se preocupe, no hay ningún problema-. Carlos caminó en línea recta por los pasillos. Entró al baño, se mojó la cara y se peinó. Sacó su corbata del bolsillo y se hizo nuevamente un nudo. Se miró al espejo y salió. Tomó el ascensor al primer piso y salió del Hotel Paris. Cruzó la avenida y vio el caos que había provocado el lanzar la silla en medio de la pista. Entró al Hotel Libertador, ignoró el recibimiento de los empleados del counter y siguió de frente. Llamó al ascensor pero subió por las escaleras. Detrás de él subía una mujer anciana vestida de negro gritándole que tenía que registrarse. Llegó a la habitación 707, sacó una llave del bolsillo y abrió la puerta. Cerró con seguro y comenzó a dar vueltas, estaba nervioso. Tomó algo de aire, vio el reloj, ya era hora. Contó hasta siete con los ojos cerrados y los labios pegados. Tomó la silla y la lanzó por la ventana. Cayó desde el piso siete a la pista, un carro se detuvo con una frenada brusca, la gente empezó a gritar y Carlos empezó a llorar por dentro. Estaba tembloroso y sudaba frio a pesar del calor que hacía en la habitación. Se sentó al borde de la cama, se llevó las manos a la cabeza y las bajó de inmediato, dejó su sudor sobre las sabanas blancas con estampados de florecitas rojas y luego las metió al bolsillo. Se quitó el saco y luego la corbata, la guardó en uno de los bolsillos. Buscó una cajetilla de cigarros rojos Seven en el bolsillo izquierdo del pantalón pero había una llave. Encontró la cajetilla en el bolsillo derecho, tomó uno y lo puso en su boca. Trató de encenderlo pero no tenía gas, buscó fósforos en la mesita de noche. Dejó el cigarro al lado del teléfono y se echó sobre la cama. Se quitó los zapatos con los mismos pies y creyó que podría dormir. A los siete minutos tocaron la puerta, un hombre gritaba -¡Abran la puerta!, ¡abran de una vez!- Se oía el murmullo de una mujer, seguramente la empleada de limpieza. Carlos se levantó rápidamente de la cama, se puso el saco y los zapatos y se acercó a la puerta. Dio una patada y luego abrió. El dueño del hotel se quedó mirándolo sin decirle una sola palabra, a su lado, una anciana vestida de negro le apuntaba con el dedo. Carlos dio un paso y los esquivó sin decir nada. Dio unos pasos más, se detuvo y volteó hacia el Sr. Millas -¿Algún problema?- La mujer se exaltó levemente y balbuceó lo que al parecer eran maldiciones, se calló, dio media vuelta y se fue. El Sr. Millas dio un largo suspiro, aspiro lentamente y sonrió –No, no se preocupe, no hay ningún problema-. Carlos caminó en línea recta por los pasillos. Entró al baño, se mojó la cara y se peinó. Sacó su corbata del bolsillo y se hizo nuevamente un nudo. Se miró al espejo y salió. Tomó el ascensor al primer piso y salió del Hotel Paris. Cruzó la avenida y vio el caos que había provocado el lanzar la silla en medio de la pista. Entró al Hotel Libertador, ignoró el recibimiento de los empleados del counter y siguió de frente. Llamó al ascensor pero subió por las escaleras. Detrás de él subía una mujer anciana vestida de negro gritándole que tenía que registrarse. Llegó a la habitación 707, sacó una llave del bolsillo y abrió la puerta. Cerró con seguro y comenzó a dar vueltas, estaba nervioso. Tomó algo de aire, vio el reloj, ya era hora. Contó hasta siete con los ojos cerrados y los labios pegados.

miércoles, 7 de abril de 2010

Lo que se supone que pudo ser...y nunca será

En la noche, algunas veces se puede sentir la soledad. Es el silencio, sobretodo eso, el sonido del vacío. Ya la brisa no es la misma, se ha vuelto tibia y solo me enfría el cuerpo, ya no lo estremece, no ablanda mis manos ni mis brazos para recibirte. Algunas otras veces pienso que es mejor estar ausente, callado, ocupando un espacio neutro entre la realidad y mi cabeza, quedarme quieto con miles de voces a mi alrededor corriendo a gran velocidad. Quedarme, detenerme.

Sigo pensando en todas las veces que te fuiste, recuerdo hasta el clima y el olor de la gente en las combis. El perfume que me recuerda a esos días y a las noches en que, con o sin un beso, nos decíamos adiós. Ya las calles no son las mismas, se han vuelto un caos, se han vuelto oscuras; no puedo caminar sin tropezar, sin que algo sorprenda mi tranquilidad. Todas otras veces ya ni siento mi presencia y me olvido de respirar, me ha sido difícil encontrar el ritmo. Pasé mucho tiempo respirando contigo.

Voy olvidándome de aquellas veces en que yo partía sin decir nada, en mis pataletas, en el tono accidentado de mi voz, sin querer, de mis quejas y mis llantos. Y me olvido así también de todas mis dudas, de tu silueta en mi cuaderno de dibujo y de tu nombre en mis mensajes en el celular. Aquellas otras veces se volvieron de lo más normal, lo que se supone que pudo ser no lo fue, y aún estás, ausente, como un fantasma. Aún puedo oler tu perfume en el mío, y tocar tu pecho en otros, porque nunca pude dejar de necesitar de ti, y descubrí que te podía recrear en otros cuerpos, y ponerte mil caras tan solo para no olvidar, para hacerte mía de nuevo, para estar seguro de que nunca lo serás.

martes, 23 de febrero de 2010

You! Me! Dancing!



The beats, yeah, they were coming out the speakers
And were winding up straight in your sneakers
And I'm dancing like every song who spends his bizzle
Like all my dance heroes would if they existed
And yeah it's sad that you think that we're all just scenesters
(And even if we were it's not the scene you're thinking of)
To taking props from nineties boy band fashions
All crop tops and testosterone passion

If there's one thing I could never confess
It's that I can't dance a single step

It's you!
It's me!
And there's dancing!

Not sure if you mind if I dance with you
but I don't think right now that you care about anything at all
And oh, if only there were clothes on the floor
I'd feel for certain I was bedroom dancing
And it's all flailing limbs at the front line
Every single one of us is twisted by design
And dispatches from the back of my mind
Say as long as we're here everything is alright

If there's one thing that I could never confess
It's that I can't dance a single step

It's you!
It's me!
And there's dancing!